Escrita en catalán y traducida al castellano.
Comença la música.
Una balada. Trista, lenta, romàntica.
Ell m'agafa de la cintura i clava els seus preciosos ulls mel en els meus.
Sonen dolços acords, com una pluja delicada de sucre.
Començam a donar els primers passos, les primeres voltes.
Acarono la seva galta vermella, mentre ell, amb les seves, en aquells moments, tremoloses mans, recorre tot el meu cos.
El trepitjo (ballar mai ha estat el meu fort) però no pareix importar-li massa, i, amb una rialla burleta, les nostres cares s'apropen. A poc a poc. Intensament. Els seus carnosos llavis a pocs centímetres dels meus fins que...
Acaba la música.
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Comienza la música.
Una balada. Triste, lenta, romántica.
Él me coge de la cintura i clava sus preciosos ojos miel en los mios.
Suenan dulces acordes, como una lluvia delicada de azúcar.
Comenzamos a dar los primeros pasos, las primeres vueltas.
Acarício su mejilla roja, mientras él, con sus, en aquellos momentos, temblorosas manos, recorre todo mi cuerpo.
Le piso (bailar nunca ha sido mi fuerte) pero no parece importarle demasiado y, con una sonrisa burlona, nuestras caras se acercan. Poco a poco. Intensamente. Sus carnosos labios a pocos centímetros de los mios hasta que...
Acaba la música.
Maria Victory Cirer
Escritos publicados por los ganadores de la 55ª edición del concurso de Jóvenes Talentos de Relato Corto de Coca Cola (y por los ganadores del concurso en gallego, catalán y euskera), gracias por visitarnos.
sábado, 5 de diciembre de 2015
martes, 24 de noviembre de 2015
MÍRATE, MÍRAME.
Sales de noche, cómo no, a salvarte. Vas al revés: por las mañanas te auto-destruyes y por las noches vas en busca de algún intento de salvación.
¿Qué voy a decirte? Si ya no te quieres ni ver mientras te sonríen o te sonrío. No me llores, que sangro. O llórame muy lento, creo que puedo soportar el dolor. Agárrame fuerte cuando te abrace, y mientras me rompo, tú también te rompes. Creo que ninguna noche te había visto tan insalvable, pequeño.
Pero tú a pesar de no querer de no querer verte, yo te volvía y te volvía a ver pasar,
como quien tiene adicción a algo, a ti por ejemplo.

Maider (La Rioja).
¿Qué voy a decirte? Si ya no te quieres ni ver mientras te sonríen o te sonrío. No me llores, que sangro. O llórame muy lento, creo que puedo soportar el dolor. Agárrame fuerte cuando te abrace, y mientras me rompo, tú también te rompes. Creo que ninguna noche te había visto tan insalvable, pequeño.
Pero tú a pesar de no querer de no querer verte, yo te volvía y te volvía a ver pasar,
como quien tiene adicción a algo, a ti por ejemplo.

Maider (La Rioja).
domingo, 15 de noviembre de 2015
Recuerdo Olvidado
Saludos, Mi Amada. Estás radiante esta noche. ¿Que qué
tal mi día? Oh, horrible, como siempre… desde mi celda sigue sin verse el
cementerio. Pero no te preocupes, aunque la idea de romper la pared con la
cabeza de Whistle no haya funcionado… al menos el cirujano del hospital estará
entretenido unas horas más je je…
Pero, ¿y qué es de ti? Siempre tan sola ahí arriba…
no debiste dejarme. No debiste dejarme aquí, sabes que sólo soy un niño, un
niño asustado que al irte tú empezó a pensar en cosas que la gente no suele
preguntarse. En este mundo me llaman loco… ¿te lo puedes creer? Yo sigo sin dar
crédito a la facilidad de la gente para olvidar nombres de caídos y para "sobre-ponérselo" a todo antes de entenderlo.
Si siguieras aquí… ay si siguieras aquí… otro gallo
me cantaría, desde luego. Tú me protegías, me dabas cobijo, me entendías… pero
ya no soy el que era. La verdad es que ni siquiera recuerdo cómo era la vida
antes de tu muerte. Casi no consigo recordar cómo te mataron y me echaron la
culpa a mí. ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas
aquella noche en la posada de Tuco? ¿Y lo que nos reímos después de que aquel
borracho cayera en el suelo, y rodara por todo el establecimiento hasta topar con un barril de cerveza? Por desgracia, esa misma noche también moriste tu, por
culpa del imbécil de Milton. También recuerdo sus gritos de "nena" antes de
que lo estrangulara. Aquellos sí que eran buenos tiempos ¿eh, amor? Después me
metieron en este antro y me tacharon de “loco”.
Un loco que entiende perfectamente tu teoría sobre
la raza humana. Un loco que conoce los secretos de la tierra y sabe escuchar
que se muere. Un loco que conoce la verdadera razón por la cual la
inteligencia y la ignorancia van de la mano. Un loco muy listo, pero al fin y
al cabo un loco. ¿Quién más iba a escucharme si no tu, Mi Reina? Lo más
probable es que nadie, porque ya nadie escucha a nadie en este mundo que las
personas "civilizadas” han montado. ¿Vale tanto la civilización cuando se trata
de VIDAS HUMANAS? Parece que sí. Y no sólo parece que sí, también se creen que
sí. Y sólo tú, Mi Amor, alcanzas a comprender lo peligroso que es creer en algo
tan a ciegas.
¿Pero qué nos importa a ti y a mí lo que les pase a
esta gente? Bueno, sí, somos gente… o yo al menos lo sigo siendo. Pero no formo
parte de lo que ellos han montado. No formo parte de nada, porque todo grupo de
personas necesita un enemigo, ¡y yo no necesito ninguno! ¿No es hermosa la
vida? ¿No es hermosa la muerte? ¿Por qué querer privar de cualquiera de ellas a cualquier
ser vivo sin necesidad vital? Jamás lo entendí, y al margen de lo que esta gente piense, lo de Milton fue necesario. No podía dejarlo vivir después de lo que te hizo a ti.
(Y lo de Whistle ha sido un accidente, debería haberse roto la piedra antes que su cabeza.
Jiji... "Splash.")
Jiji... "Splash.")
Ay Mi Amor… la vida duele. Y estoy cansado de ella. Estoy
cansado de estar sólo aquí. Pero sobre todo estoy cansado de tu silencio. Creo que mañana me
arrancaré el corazón del pecho, no sin antes dejar en una nota de recado a la doctora White que lo incinere, para que se venga conmigo y así poder dártelo en muerte como te
lo di en vida…
Ahora sí, es hora de despedirnos por última vez Mi
Vida (Me chifla la ironía de las palabras). Deseo que duermas bien, deseo que
tus sueños desprendan tanta luz como tú. Deseo verte pronto, Mi Amor.
José J. Granados
lunes, 9 de noviembre de 2015
¿QUE ES AMOR?
¿QUE ES AMOR?
la tristeza se nota en su rostro
pero me pregunta entre sollozos
-¿qué es amor?-
-nosotros-
respondo
-no lo noto-
-¿entonces qué es amor?
digo con el corazón roto
-hay otro-
y se marcha dejandome solo
la ira y el dolor
me invaden poco a poco
creo saber que es amor
aun así, ya no lo conozco.
GERARDO GUIJARRO
jueves, 8 de octubre de 2015
La tela de araña
Los he visto en el monte, al lado de un gran precipicio. Unos pequeños helechos, atrapados en una tela de araña. Este cuerpo matemático que es la tela de araña, ha atrapado unas plantas en vez de unos insectos. Esa imagen me ha hecho recordar el pasado que olvidé.
Estaba de vacaciones con mi familia, cuando encontré al tipejo que llevaba buscando durante tantos años, el que asesinó a mis padres. Embrujado por un instinto de venganza, creé la trampa perfecta gracias a la matemática, para dar fin a la vida de ese delincuente.
Al poco tiempo de colocar la bomba, esta explotó inesperadamente. No podía haber matado a mi víctima, ya que esta estaba aún trabajando.
Después de un rato, distinguí los cadáveres de mi mujer e hijos en el suelo. Desgraciadamente, la matemática no pudo preverlo todo.
Es suficiente. He cerrado los ojos y sentido mi cuerpo cayendo por el despeñadero.
Beñat Berasategi
domingo, 4 de octubre de 2015
D-36
Sus
rizos le cubrían ambas mejillas, aunque no hacía falta ser un
detective para saber que la chica que se sentaba frente a mi estaba
llorando. Nunca había visto a una dama tan hermosa como ella. Su tez
blanca y su pelo rojizo hacían que su belleza pareciese
sobrenatural.
Serían
las seis de la mañana. Pese aquellas horas, el aeropuerto de
Bradford estaba a rebosar de personas yendo arriba y abajo como si de
hormiguitas se tratasen.
Mi
vuelo salía en un par de horas, así que decidí sentarme en una
cafetería cerca de una terminal de embarque para descansar y que la
espera se hiciese menos pesada.
Leyendo
el periódico del día anterior y con mi “capuccino” humeante
delante de mí, oí un ruido. Cuando levanté la mirada, la ví. Tuve
que pellizcarme para saber si era un sueño o si realmente esa chica
pelirroja estaba frente a mi, y, gracias a Dios, no era otro de mis
extravagantes sueños de escritor. Gajes del oficio.
Era
una diosa; aunque no era de estatura demasiado alta, sus delicadas
extremidades eran propias de una bailarina, o, mejor aún, de
princesa de cuento de hadas. Sus tirabuzones color fuego contrastaban
con la palidez de su piel. Recorrí todo su cuerpo con la mirada
hasta llegar a sus ojos. Allí termino mi admiración y recorrió por
todo mi cuerpo una sensación de lástima hacia aquella muchacha.
Lloraba. En silencio.
Lo
primero que pensé fue que había perdido el avión. Un avión que la
llevaría a reencontrarse con su amante en un recóndito lugar para
poder ser libres y poder disfrutar de toda una vida juntos.
Tonterías. Pensé que eso solo pasaba en películas de Clint
Eastwood, como “Los puentes de Madison”. Pero imaginé por unos
segundos que pasaría si fuese real; una chica llorando
desconsoladamente en la sala de embarque del aeropuerto de la ciudad
de Bradford, Inglaterra, porqué acababa de perder la oportunidad de
ver a su amado que le esperaba a muchos kilómetros de distancia.
Decidí descartar esa opción para no quedarme con el mal sabor de
boca.
Pensamientos
escurridizos entraban y salían de mi mente mientras yo los iba
apuntando en mi libreta que en tantos viajes y aventuras me había
acompañado. ¡Ajá! A lo mejor era un programa de cámaras ocultas
propio de los domingos por la tarde donde la gente enciende la
televisión sin un programa concreto en mente. Esa idea me gustaba
más. “¿Quién será la bondadosa persona que se acercará a la
muchacha, actriz infiltrada, para consolarla? No os perdáis esta
domingo el nuevo programa de La Fox “Infiltrada en el aeropuerto””.
No sería mala idea, aunque pensar que en ese momento cámaras
ocultas me estaban grabando me incomodó, así que seguí rumiando.
“¿Por
qué? ¡¿Por qué llora Raúl?!”. Me repetía una y otra vez. ¡SÍ!
Esta era la clave: ¡¡Música!!. Esa hermosa chica se había
emocionado al escuchar su canción favorita. A lo mejor escuchaba
“All of me” de John Legend, o, probablemente, alguna canción de
One Direction, como “Story of my life” o “Little things”.
Recordé haberlas escuchado por la radio alguna que otra vez y me
acordé de todas la chicas que estaban locas por esos cinco chicos...
¿o eran cuatro? Bueno, en definitiva, podría ser que esa señorita
llorara de emoción al escuchar un tema de su grupo favorito.
“Pasajeros
del vuelo 457 con destino a París que embarquen por la puerta 5, por
favor.”
Ese
era mi vuelo. Miré el reloj y supe que me había pasado dos horas
escribiendo historias acerca de esa chica. Decidí despedirme de ella
con la mirada, la observé una última vez...
Había
desaparecido. Miré a todos lados. Nada. Hicieron una última llamada
a los pasajeros del vuelo 457, así que, pese a mi tristeza y
decepción, fui a embarcar.
Ya
en el avión, buscaba mi asiento: D-36. Cuando llegué allí, una
chica pelirroja miraba por la ventana. Se giró y supe que era ella.
Ya no lloraba. Quizás ahora podría inventarme otra final...
Maria Victory Cirer
miércoles, 30 de septiembre de 2015
A pesar de la distancia.
Conforme he ido creciendo he aprendido que lo malo de la distancia es no poder abrazar, no poder mirar a los ojos,tener que decir "te quiero" a través de una pantalla, y no disfrutar de las cosas necesarias con gente necesaria.
Por suerte, he aprendido a querer a pesar de la distancia, he sentido mi corazón hacer la maleta y marcharse a otros rincones, y ahora yo, que soy más de quién que de qué o de dónde, vivo en muchas partes.
He dejado que entren en mí otros acentos, otros puntos de vista, unas raíces diferentes, y me han hecho crecer y creer estando lejos.
Me dijeron que la distancia era olvido, pero no hay olvido cuando los te quiero y los recuerdos son sinceros.
Y sin estar, sin poder tocarme, sin que existan choques continuos de miradas, han habido personas que me han salvado la vida.
He aprendido a mirar con el corazón, y que a veces querer de lejos nos hace querer mejor.
Ainhoa Navarro.
domingo, 27 de septiembre de 2015
Declaración de intenciones.
No te atrevas a dejarme sin palabras.
No te atrevas a dejarme sin...
No te atrevas a dejarme...
No te atrevas a...
No te atrevas...
no te...
No.
[…]
Que no,
que no pienses que te extraño.
Que no pienses que te...
Que no pienses que...
Que no pienses
- que te quiero -.
Repito:
que no,
que nada
- sin ti -.
Tengo una declaración (de intenciones):
como vuelvas
a mirarme
con esa sonrisa
de niño pequeño;
todo
- contigo -.
Ainhoa Navarro (Canarias).
jueves, 17 de septiembre de 2015
Valiente
"-¿A dónde ha ido? -preguntó, tirando de su manga.
-Muy arriba. -respondió, tras vacilar unos instantes. -Más allá de las nubes.
-No lo veo -discrepó, mientras se asomaba a la ventaba. -Quiero visitarlo."
Pero no lloró.
Notó cómo su alma se quebraba, dividiéndose en mil pedazos.
Pero no lloró.
Contuvo las lágrimas y, con ellas, logró formar una triste sonrisa, que acompañó a su portadora mientras acariciaba el pelo de la niña. De pronto, ésta se alejó, dejándola sola.
Cerró la puerta tras de sí. Se sentó en la cama y, cuando se aseguró de que nadie escuchaba, fue cuando rompió a llorar, con la cara entre las manos y susurrando palabras ininteligibles.
Derramó lágrimas por él, que, incluso en su estado, había continuado siendo él mismo.
Lloró por aquellas tantas tardes juntos, aquellas partidas ganadas y esas otras perdidas.
Lloró por no saber ser como él. Por haber luchado hasta el último segundo, merecía estar en su corazón.
Pero no lloró por ella. No se compadeció de sí misma. Sus llantos fueron limpios y sanos.
Lloró, pero lloró sin saber.
Sin saber que él seguiría en su corazón, y ella en el suyo.
Sin saber que, por fin, y en parte gracias a ella, había logrado su sueño, y estaba caminando en algún lugar del Universo.
Lloró sin saber que era valiente. Que ella también había luchado y que él nunca la abandonaría. Lloró sin saber que era el vivo retrato de él.
Porque sé que eres valiente, lucha.
Sofía Santos
Galicia
-Muy arriba. -respondió, tras vacilar unos instantes. -Más allá de las nubes.
-No lo veo -discrepó, mientras se asomaba a la ventaba. -Quiero visitarlo."
Pero no lloró.
Notó cómo su alma se quebraba, dividiéndose en mil pedazos.
Pero no lloró.
Contuvo las lágrimas y, con ellas, logró formar una triste sonrisa, que acompañó a su portadora mientras acariciaba el pelo de la niña. De pronto, ésta se alejó, dejándola sola.
Cerró la puerta tras de sí. Se sentó en la cama y, cuando se aseguró de que nadie escuchaba, fue cuando rompió a llorar, con la cara entre las manos y susurrando palabras ininteligibles.
Derramó lágrimas por él, que, incluso en su estado, había continuado siendo él mismo.
Lloró por aquellas tantas tardes juntos, aquellas partidas ganadas y esas otras perdidas.
Lloró por no saber ser como él. Por haber luchado hasta el último segundo, merecía estar en su corazón.
Pero no lloró por ella. No se compadeció de sí misma. Sus llantos fueron limpios y sanos.
Lloró, pero lloró sin saber.
Sin saber que él seguiría en su corazón, y ella en el suyo.
Sin saber que, por fin, y en parte gracias a ella, había logrado su sueño, y estaba caminando en algún lugar del Universo.
Lloró sin saber que era valiente. Que ella también había luchado y que él nunca la abandonaría. Lloró sin saber que era el vivo retrato de él.
Porque sé que eres valiente, lucha.
Sofía Santos
Galicia
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Cartas a la chica de ojos café.
Segunda carta. Miércoles, 2 de septiembre.
¡Hola de nuevo! Ya que me has vuelto a sonreír, he dado por supuesto que estaba perdonado, o al menos olvidado...
Hoy has vuelto a causar un tsunami de sensaciones en la cafetería al sentarte donde siempre, inundándolo y contagiándolo todo de una radiante felicidad; a pesar de que tu mirada resultaba un poco triste y perdida mientras le refunfuñabas al teléfono.
Oye, antes de que discutas nada (soy consciente de que no me lees, este blog de notas que llevo siempre conmigo son mis pensamientos) ... creo que ya he encontrado un buen modo de comunicarme contigo aunque tú no lo sepas. Sé que es un poco típico y que seguramente lo habrás leído mil veces en novelas pero no se me ha ocurrido nada más original que esto. Sí... un post - it.
Creo que al principio te escribí algo así como:
"Querida chica de ojos cafés, eres preciosa y me gustaría conocerte. ¿En el parque de la esquina a las 17.00?. - E".
Ya, bueno, también sé que eso sonó muy directo y no pretendo asustarte.
Reescribí mil veces más esa pequeña nota, pero no encontraba nada bueno que decirte sin declararte mis pensamientos. Además, creo que mientras la escribía no podía apartar mis ojos de ti, por lo que te diste cuenta y tuve que improvisar una excusa para ir al almacén y pensar con claridad.
Me di cuenta de las enormes ojeras que consiguen robar el brillo a tus ojos, de tus cicatrices y que cada vez que vienes lo haces con ropa cada vez más suelta; al ir a recoger tu mesa me fijé que no te habías acabado el donut y te escondiste. Aproveché ese momento de "debilidad" para dejarte el papelito.
Creo que tuve la idea definitiva tras haberlo pensado un buen rato. Me fijé en tus auriculares, tus oídos y tus labios repetivamente.
"No words - The Script; te la dedico. -E".
Espero que aunque sea te haya sacado de nuevo una sonrisa tan bonita como tú.
- Ed
Ainhoa Navarro
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