viernes, 10 de marzo de 2023

 ALINA

Su sonrisa capaz de endulzar una salina
Su mirada capaz de reflejar el mediterráneo y su agua cristalina
Su figura capaz de rivalizar con la más alta coralina
Desde que te vi no se me ocurre un nombre más precioso que Alina

Solo hay 3 fechas que una persona no puede anticipar
La que exige la muerte
La que escoge la inspiración
Y la que encapricha al amor

A 30 días y 30 noches de verano
Los cuento en silencio con los dedos de tu mano
Me balanceo en tú índice y lo leo para saber si será en vano
Tratar de vivir en 2 meses lo ausente en un curso pronto lejano

A mí Alina
La que baila
La que dibuja
Y la que duerme

Quiero contar tus pecas y por cada una escribir un verso
Sé que sería como contar las estrellas del universo
Pero prometo conseguirlo, aunque no deje libre papel ni por en su dorso ni su reverso
Si tú me regalas tu verano y un dibujo de estos versos

Ger

jueves, 11 de marzo de 2021

Doce años de amargura

 

Años cubren el recuerdo de su rostro

Insensato mi hijo, repudió a su padre

culpable de educar como hizo su madre

Tradición y oración como ningún otro

 

Recuerdo el tacto de su mano infantil

Aquel tierno niño al que di mi nombre

Mas creció y tomó la mano de un hombre

Negarle mi apellido fue un gesto fútil

 

Debí entenderle y aun no estoy absuelto

Pensaba con la rigidez de un soneto

Hablaba pero mi boca era un cuarteto

Mientras que él era un verso suelto

 

Doce años contenidos de amargura

En la noche sueño una visión diferente

donde yo soy el cobarde y él el valiente

pero al despertar solo tengo otra arruga

 

Ahora que estoy solo lloro en secreto

esperando que un día suene el timbre

Y que suba un perdón en forma de nieto


-Gabriel Santana

lunes, 18 de febrero de 2019

Silencios de ti

Ruido. Hubo ruido en cada puto lunar de su cuerpo. En nuestros labios, violentos, fúnebres carcajadas. Ruido en miradas, en su mar chocando con mi tierra, rodeando sus pupilas.

Sordos. Cayendo, o quizá volando. Entre estrellas, cegando nuestros oídos de madrugada, con sonrisas adyacentes al corazón. Y sonaba tan rápido como triste, agresivo, rompiéndose a cada respiración en la que no estaba, bombeando la sombra de nuestro barco en un océano errante, esperando,
esperanza,
con la música de las olas, y deseos guiando su rumbo.

Creando truenos con cada muro que saltábamos para acercarnos. Oyendo cada paso con el que no lograba alcanzarte. Lanzando gritos a la Luna, que nunca parecía escuchar. Arañando gargantas con nuestros nombres. Desgañitando entrañas sin tus presencias. Aullando, sin querer quererte. Y gritando, vociferando, chillando, provocando. Doliendo, dañando, jodiendo y fallando. Hablando, callando, queriendo,
-o amando-. Creando, imaginando, un mundo (pero a tu lado). Haciendo una guerra de cada una de nuestras noches. Disparando, peleando, combatiendo, enfrentando, luchando, batallando.

Alto el fuego.

Y, ahora, silencio.

domingo, 13 de enero de 2019

Droga Onírica


Comenzó a andar, con paso nervioso y los ojos puestos en sus zapatos. Sin destino, solo quería andar. No hay nadie en la calle pero se siente observado, se encoje y esconde la mirada ante su propio reflejo. Poco a poco cobra un paso  firme, huele la determinación en la indeterminación,  y mira hacia adelante.

No entró porque ya estaba dentro, la mujer sin rostro pregunto una vez más.

-        -  ¿la certidumbre de lo falso?

-         -  La falsedad de lo cierto

Silenciosamente introdujo los datos en su blanquísimo ordenador. La mujer sin rostro se le acerco, se puso de puntillas, y  le dio un beso corto y profundo, con su boca inexistente. La dio las gracias y continúo.

Se llevo la mano al pecho, de este brotaba vino. Con la yema del dedo acaricio su tacto, era suave y limpio pero también duro y tosco, era tangible e intangible, lo era todo, menos efímero, y ahora era suyo.

Se sumergió, nado entre las nubes  y planeo el fondo del océano, aprendió de reyes sin reino y huyo de reinos sin reyes, ahorco a las moiras con su propio hilo, se enamoro de la juventud y exilio al tiempo, amo y perdió.

Al fin, se aproximo a él, lentamente, sin prisa, sosegado. Con alivio puso su mano en su hombro y el se volvió, se miro a si mismo, contemplo sus propios ojos  y en ellos vio su alma, un reflejo infinito de si mismo baila en su iris, se encontró con si mismo. Alargo la mano y la estiro para llegar a rozarse, su sinónimo movió sin ganas un dedo, y por un momento se tocaron.


Salió pero antes ya estaba fuera, caminaba nervioso y con la cabeza gacha, huyendo de su propio reflejo. Sin destino, solo quería caminar, para encontrarla de nuevo, atrapado en su sempiterna búsqueda, por la inspiración.


lunes, 31 de diciembre de 2018



                   El Tiempo no cura



 El tiempo no cura
 el tiempo pudre
 la esperanza de lo que podría haber sido
 resignación disfrazada de un olvido lúgubre


 EL tiempo no cura
 el tiempo mata
 el alma endurece y el corazón agrieta
 no es no sentirlo sino no sentir nada

 El tiempo no cura
 el tiempo engaña
 nuestras palabras que buscan otros oídos
 hipocremia, mas ella no escucha lo que el pecho calla

 El tiempo no cura
 pues de la pasión es el eco
 inocentes nosotros que amamos
 sin saber que el amor y el tiempo
 conspiraban en secreto


Gerardo Guijarro





sábado, 14 de abril de 2018

Sencillo

~¿Por qué siempre que digo adiós el corazón me dice: "inténtalo otra vez"?~ Marwan.

Hay veces que el dolor duerme tan dentro de nosotros que ya ni siquiera sacarlo a la luz puede aliviarlo. Entiendes que has tocado fondo cuando te encuentras solo y perdido entre tanta gente que dice acompañarte. 

El problema de fondo no es que no sepan escucharte o que no te entiendan. Eso son mentiras que nos contamos a nosotros mismos porque no queremos ver el verdadero problema; yo.
Nosotros somos nuestros propios castigos y amores, y solo queremos que nos escuche esa persona. Queremos tenerla cerca, y pensamos que con esa persona todo será diferente. O no. No siempre las expectativas son el problema real, aunque ayudan a hacerlo más grande.

El problema es que nos aterroriza estar solos. Y no hablo de parejas.
Sólo la idea de la soledad nos destruye por dentro, y tiramos de lo que tenemos cerca.
Algunos lo solucionan centrándose en la política, los ideales, conociendo gente, fiestas para que parezca que conocen gente, metas, un futuro "claro", religión, e incluso algunos tiramos de lo único que sabemos hacer: amar. 
Y cuando amamos, lo hacemos de manera proporcional al miedo que tenemos de de estar solos. Y esto, duele.

Duele porque no siempre amamos a la persona, sino a lo que (creemos) necesitamos de ella. 
Duele también cuando no somos correspondidos. Pero esa historia ya la conocemos todos.

Los que se aferran a sus ideales, a sus metas, luchas personales o colectivas, religión... no tienen  tantos problemas, porque la lucha de clases o Dios son cosas que parecen no tener fin, al contrario de nosotros.
Los que amamos, somos los que más rápido perdemos las ganas de vivir, porque el amor sólo es eterno mientras dura. Por lo que luchamos no siempre puede llenarnos, ya sea porque no sabemos lo que queremos como si no saben como si no saben querernos.

Al final, todo es mucho más sencillo. Como siempre.

P.D.: Dejo aquí mis tres confesiones y una oferta de trabajo. A quien pueda interesarle:

~No soy capaz de quererme y busco a alguien que lo haga por mí.
~Tengo miedo de quedarme a solas conmigo.
~Necesito llenar ese vacío que me genero yo mismo y no sé como llenar.

Se busca princesa que me haga creer príncipe. Aunque le haya salido rana.




~Lvz.~

lunes, 2 de abril de 2018

Claro de Luna

Hoy les contaré una leyenda que pueden creer o no, pero que si saben observar, sabrán que es tan real como el presente, y está tan presente como la realidad. 

En el bosque de los arboles perdidos, todo y nada cobran a la vez sentido. Es el lugar en el que los sueños incumplidos ahogan sus penas entre las hojas caídas de los hombres tristes, que al no encontrar su eternidad al echar a volar, se convierten en los sauces que no dejan de llorar.
Allí, las brujas bailan sin temor a la luz del día, y el diablo pierde la noción del tiempo para poder escapar de sí mismo. Al menos por un instante.
Los viajeros perdidos nunca encuentran el camino a casa porque ninguno se para a recordarla, y olvidan cómo buscar. 

Pero no todo es oscuro allí. En un claro del bosque hay un lago de agua de cristal donde la Luna fija sus rayos con atención.
Su luz ilumina a una joven que vestida de blanco baila sonriendo con los pies descalzos alrededor del lago. Ella da vueltas sobre sí misma, con movimientos lentos, al compás de una melodía que hipnotiza a la propia Luna.

Las estrellas, por su parte, no dejan de lanzarse destellos entre sí. Unas sugieren que aquella joven Dama ha perdido su cordura. Otras por el contrario defienden que de hecho la ha encontrado. Algunas incluso señalan que solamente se ha encontrado a sí misma.

Pero sólo ella conocía la verdad sobre su sonrisa.

La verdad es que ahora, en ese claro de Luna, ella no bailaba sola.
Mientras su vestido blanco vuela por la orilla del lago, ella siente que alguien acompaña su sueño. Unas manos rozan suavemente las suyas, y unos ojos solo tienen interés en ella mientras siguen su compás.

Los primeros en entenderlo son los árboles, que piden ayuda al viento para tararear la melodía más hermosa escuchada jamás por un ser vivo. 

Solamente un lobo solitario aúlla en mitad de la noche, rompiendo la armonía de la canción de los árboles y el baile de la Dama Blanca. Intenta explicarle a la Luna que la joven ya no baila sola. Que ha encontrado su sueño despierta.

Pero la Luna, como todo lo demás en el bosque, sólo atiende el baile del claro, donde hay un lago de agua de cristal, y un baile de eternidad.

José J. Granados

miércoles, 14 de febrero de 2018

Locuras cuerdas


Checking the heart and checkin' into my hope
watching the lines when I'm blood sucking with you

Por lo menos ella es más resistente que tu cordura,
-aunque no sea mucho pedir-,
y soporta más carga que las gotas de sudor de tu frente cuando intentas no llorar.

Te giras con la esperanza que tu antiguo yo te enseñó a conservar,
rota,
prohibida,
incluso por quién todavía llevas en la mirada si te hablan de hogar, aunque "casa" no sean más que cuatro recuerdos con ventanas empañadas que te impiden mirar hacia fuera.

Caminas hacia mí sonámbulo, soñando con no despertarme, pero no sabes que en mi cama caben infinitas ovejas,
-aunque siempre habrá sitio para ti-.
Salvas nuestra distancia creyéndote superhéroe y multiplicas la vuestras aunque nunca te gustaran las matemáticas.

Y a pesar de que eres tú quién se aleja de ella,
de su cordura mal atada,
de sus nudos en el alma,
que ni tus dedos han logrado deshacer;
soy yo la que lucha por no ser tu precipicio.

Ante todo,
soy yo quién te quiere,
aunque no más que la soga
con la que has bailado
hasta el final de tus poemas.
Sofía Santos

miércoles, 3 de enero de 2018

Carolina tratame bien

capaz de convertir las hipérboles en diminutivos
ella descoloca mis esquemas
ella hace mis metáforas redundantes 
bella sonrisa, es un poema 
que mi boca anhela

destroza mi autoestima
pues estar con ella se me estima a utopía
me preocupa ser un artista mediocre
de los que venden letras al vacio
pero tiraría la pluma y la rima por tener con ella un amor de poesía


no podría soportar este dolor ni con la mejor sinestesia
soy un agente infiltrado en su circulo
buscando pistas de amor en terreno hostil
quisiera expresarle mis versos pero un “no” los covirtiria en prosa
quiero despejar la incógnita pero salgo del calculo

un secreto escrito a voces, que mis palabras escuchan de oídas
me siento solo, como Gabriel Rufián en el congreso
o como un político catalán preso
de tus miradas, encerrado por un beso

quiero reír tus risas y saborear tu olor
hoy volveré a verte
carolina trátame bien


no quiero ser anonimo
te ama, tu antonimo


lunes, 11 de diciembre de 2017

«Ven»

Now I'm breaking at the bridges 
and at the end of all your lines

Ven, como declaración de intenciones. Porque yo no me atrevo a decirte que todavía te quiero y tú ya no eres el valiente de los dos. Porque tú eres un mentiroso y a mí siempre me han gustado los titiriteros.  

Todas las canciones llevan ahora tu nombre. Nunca llegué a ser revolución porque no toqué tus labios. Ven, porque sé que no te gusta perder y yo voy a lograr que pierdas la cabeza por mí. (Tranquilo, sólo pasearé por ella) (de vez en cuando) (todas las veces que creas oír mi nombre en las aceras).

Vago sola, me muero de sed y tus ojos son un oasis en medio del desierto. Tu hogar siempre será el mar porque éste te lleva al mío. Ven, dime en quién piensas. Eres la alevosía de todos mis adjetivos, pero sobretodo eres un egoísta y un niño pequeño.  

(Pero yo siempre cumpliría todos tus caprichos, ven).

viernes, 1 de diciembre de 2017

Vida

Oigo el sórdido son de la resaca, y las olas abrazan suavemente mi cuerpo,  me arrastran. Cierro los ojos y bailo con ellas, bailamos al ritmo de la vida, hasta que la música cesa. Agua.


Natalia Vingut

miércoles, 15 de noviembre de 2017

El precio

El precio de vivir,
el precio de soñar,
el precio de seguir...
Es lo que cuesta morir,
despertarse
tropezar...

Esta vez si. 
Estoy perdido
y no te tengo aquí.

Ya no siento frío. Ni calor. Sólo quiero dormir. Sólo quiero soñar otra vez... sólo quiero despertar...    y verte junto a mi.

Si me encuentras, hazme resurgir.
O sigue tú por mi.

martes, 1 de agosto de 2017

Estrellas y otros sueños rotos





Ya la estoy mirando otra vez. Sentada en la repisa de la ventana, con las estrellas a mi alrededor y la oscuridad fluyendo en mis pensamientos. Esta vez se me ha ido la mirada, yo no quería. Yo no (te) quería.
Aquí fuera sigue haciendo frío, incluso más que el calor helante que siento bajo las sábanas de una cama en la que siempre estuvo presente tu ausencia. Entro y cierro la ventana, pero su luz se sigue colando entre los huecos de las persianas. Y sé que esta será otra noche más sin dormir. Así que salgo de nuevo y esta vez no la busco a ella, la paso por alto y encuentro algo que me pertenece. Algo que está tan lejos, tan alta, tan sola,
tan mía.
Y la diferencia entre nosotras es que ella todavía brilla.
Reconduzco mi vista hacia la reina de la noche. Ahora me devuelve la mirada, pero la de unos ojos que no son los míos. Y te siento,
-lo siento.-
"Sólo ella puede devolvértelas", y esta vez no sólo me refiero a las ganas de vivir.
Parece que está más radiante ahora que la miras, o quizá sólo sea el brillo de tus ojos, que aumenta al verla tan llena esta noche, tan inmensa. Quizá la música en este silencio sean los latidos de tu corazón, que se aceleran al sentirla tan cerca de ti, pero tan lejos de tu cuerpo. Quizá ella sea tu música.
Una nube se desliza silenciosa por el cielo. Me obligo a recordar por qué la estoy mirando, y te echo; las culpas,
y de menos.

Sofía Santos

miércoles, 12 de julio de 2017

"No le des tantas vueltas a las cosas".
"Piensa más en ti".
"Siempre eres feliz".
"Has cambiado".
"Ya no".
"Es por ella".
"Se han olvidado de ti".
"Seguro que te quiere".
"No me importa".
"Esta canción me recordaba a ti".
"No llores".
"Antes confiabas más en las personas".
"Déjame".
"No seas así".
"Exageras".
"Te quiero".
Y otras mil maneras de morir poquito a poco.


                               Maria Victory Cirer

domingo, 21 de mayo de 2017

No cruzar las vías.



~Yo he crecido cerca de las vías y por eso sé que la tristeza y la alegría viajan en el mismo tren~ 
                                                                                                                  Fito.


Al bajarme de tu tren, sentí el vacío que había sentido durante toda mi vida concentrado en tres pasos en los que el alma me pesaba más que mi propio cuerpo.

-"No es justo. ahora te besaría." - Me dijiste con voz suave.

-"Pero eso tampoco sería justo. Para ninguno de los dos"- Pensé.

Cuando bajé del vagón, sólo podía pensar en nuestro último abrazo, en el que te pedí que no me soltases, aunque, sabía que no podría ser. Tú me soltaste y yo me bajé del tren. Una vez en el andén, me di la vuelta para verte por última vez asomada a la ventanilla, mirándome con esos ojos que hablan y dicen más que las propias palabras.

Por mi mente pasó entonces el recuerdo de los dos sentados en el borde de una fuente. Allí, tú me preguntaste: "Si pudieras cambiar algo de tu vida sin cambiarte a ti, ¿qué cambiarías?"

La respuesta me resultó sencilla: -"No haberla conocido"

Entonces tú sólo asentiste con la cabeza y mirando al frente dijiste: -"Yo también"

En ese momento los dos nos quedamos en silencio. Un silencio que acompañado por el ruido de Madrid ya anochecida, nos hizo imaginar nuestras vidas cambiando un sólo detalle que, a ojos de cualquier otro, podría parecer insignificante. Los dos, sin quererlo, reparamos en lo mismo.

-"Estaría contigo."

-"Lo hemos pensado los dos, pero yo no me atreví a decirlo en voz alta"- Te confesé.

Tú me lanzaste una sonrisa cansada, y cabeceaste en lo que parecía un gesto de asentimiento que no llegó a terminarse.

De pronto, volví en mí. El tren ya se había ido, contigo dentro. Estaba sólo con mis recuerdos.

"No cruzar las vías"- Leí en un cartel.

"Debería haberlas cruzado"- Me dije.
Y me monté en mi propio tren.



                                                                                                                                   José J. Granados.



domingo, 9 de abril de 2017

"Memoriae"


Aquel niño sostenía la hoz que su padre le había entregado antes de su marcha para que trabajara en el campo mientras regresaba. Pero el niño no era capaz de moverse. Sólo podía mirar la hoz fijamente.

De pronto la voz de una niña le despertó de su sueño.

-hola.-le dijo la niña.

-hola.-consiguió articular él.

-¿qué haces?- preguntó la niña.

El chico no pudo hacer otra cosa que alzar la vista para mirarla por primera vez. Reparó en su pelo, oscuro pero brillante como un rayo de luna en una noche oscura. Su piel era pálida, sus labios rosados y su voz limpia, casi etérea. Sin embargo lo que cautivó al chico no fue su voz, ni su piel, ni su sonrisa. Lo que atrajo de verdad la atención del chico fue su mirada. Una mirada que te traspasaba por dentro. Que le hizo parecer desnudo. Era una mirada profunda, tanto que había una tristeza perdida en esa profundidad casi imperceptible, pero existente.

-Sólo miro. Es la hoz de mi padre.

-Vaya. Y… ¿Dónde está tu padre?

En ese momento al chico se le cayó el alma al suelo. El corazón le dio un vuelco y sólo quería echarse a llorar, aunque por supuesto no lo hizo. Sólo miró a la niña que parecía tener su misma edad intentando explicarse el por qué de que esa pregunta hubiera llegado tan al fondo de su corazón. Otras personas ya le habían hecho esa pregunta antes, pero siempre había podido controlar sus emociones. ¿Por qué viniendo de ella parecía que una lanza le hubiese atravesado el pecho y se hubiera quedado atravesándole?

-Eh… yo…

Entonces, el chico se levantó y corrió a la granja de su madre. Se sintió como un auténtico cobarde, pero hubiera sido peor proseguir con esa conversación.

Al llegar a casa le preguntó a su madre por la chica que vivía en la parcela vecina, y su madre sólo negó con la cabeza y suspiró. “Su padre también se fue” pensó el chico. Y se sintió como un auténtico imbécil. Sólo subió a su cuarto, y durante las siguientes semanas, esa chica estuvo dentro de su mente sin querer salir. Cada noche antes de dormir pensaba en ella. Cada día al trabajar. Cada noche que miraba la Luna. Pero no volvió a verla… al menos en un tiempo.
 

 

Axael abrió los ojos de golpe. Sus alas se desplegaron en cuestión de milésimas de segundo. No sabía cuánto había estado dormido, pero ahora, en la oscuridad de esa celda, encadenado, empezaba a recordar una vida que parecía ser real. Esta vez si.

“Empiezo a recordarte.”

José J. Granados

miércoles, 8 de marzo de 2017

I


I; gràcies per deixar-me formar part de tu. T'estim. Feliç 8 de març a la que serà la dona més valenta, forta i lliure que el món veurà mai.

Ella, la chica de los ojos azules, de las miradas traviesas, de la melena rubia cerveza, bailaba “Dancing Queen” sin darse cuenta de que era, sin ninguna duda, la única reina del baile. Bailaba para dar la vuelta al mundo. A su mundo. Y os juro que verla, descalza, libre, feliz, era hechizante.
Ella, la chica de las mil y una noches, la misma que se dormía viendo pelis y que se avergonzaba cuando le salía un grano, cantaba; para hacernos felices y para hacerse feliz. No tenía nada que envidiarle a las estrellas de Broadway. Se aprendía canciones de Green Day para tarareármelas y hacerme sonreír o repetía, con la misma voz de la gran Amy Winehouse, el “No, no, no” de “Rehab” para que me sintiera orgullosa de ella. Y nunca he dejado de estarlo.
Es tan bonita que duele y brilla de forma especial, como si estrenase zapatos nuevos cada día.
Sigo pensando que es una sirena, que vino del mar para salvarme. Sus ojos le delatan. O quizás sea un hada, mágica, por supuesto, ya que cuando me abraza, arregla todas las piezas rotas de mi interior. Si eso no es magia, entonces, ¿qué es?

Maria Victory Cirer

domingo, 5 de marzo de 2017

Miró

Miró hacia abajo.
"¿¡Por qué!?"
"´Porque me lo pediste-dijo mirando a los ojos llenos de ansia- a mi me da igual".

Miró hacia adelante.
"¡¿Cuándo?!"
"Antes del siguiente, después del anterior"- mirando a los ojos que el pánico llenaba.

Miró hacia arriba.
La piedrecilla cayó entre sus dos ojos.
"¿Ves?- le gritó, mirando con ojos que reflejaban la muerte- ¡es su culpa!"

Pestañeó.
Sus ojos estaban blancos.

La piedrecilla se resbalo y cayó. No tuvo otra opción que resbalarse y caer detrás de ella.




-BB

martes, 28 de febrero de 2017

Miel y perlas


Concédeme este baile. Hagamos nuestra la canción que guía a todas las parejas de esta sala, las lágrimas de algunas por nunca existir, los llantos de otras por haberlo hecho. Deslumbremos con tus ojos de miel y mi sonrisa de perlas, y cuando todos estén alerta a cada uno de nuestros movimientos, esos que han apresado la fijación de sus miradas, vayámonos dejándolos con las ganas. Cenemos en el bar de la esquina, ¿por qué no?, emborrachémonos, somos jóvenes. Esta noche es nuestra, que brillen nuestras risas y no nuestras lágrimas. Brindemos por el principio de un camino del que no conocemos el final. Está bien, entiendo que hoy no pueda acompañarte a dentro de tu casa, pero volveremos a quedar, ¿verdad?
Ya sé que es sólo un paseo, pero he visto tu mano al lado de la mía y no he podido contenerme. Sígueme a través de la calle, que a nuestros ojos semeja el universo al ser cruzado por dos almas a punto de estallar de felicidad. Sentémonos a tomar el helado en ese banco desgastado. Déjame acercarme a ti y robarte uno de esos por los que me tienes loco. Vayamos al cine, pasaré el brazo por tus hombros, quizá después nos apetezca salir a cenar. Dejemos atónitos a los pobres que alguna vez pudieron llamarse enamorados, que ven reflejado su corazón en nuestros rostros, que envidian nuestras manos luchando por liberar las suyas de sus cadenas. Te acompañaré a casa, es mejor que no andes sola a estas horas. Vamos, no me dejes en la puerta, sé que no puedes resistirte a esta sonrisa.
Tus labios en mi piel son el mejor despertador, pero debo irme antes de que alguien note mi ausencia. Vamos, sé que estás deseando decirlo, esas dos palabras se te acumulan en la garganta y me cortan la respiración; no dejes que se las lleve el viento, grítalo: te quiero. Acompáñame hoy a cenar, he oído sobre un sitio perfecto para nosotros. Y hablemos, de paso, sobre lo bien que estamos juntos, sobre lo espaciosa que es tu casa, sobre la ausencia de ningún compañero de piso.
No te preocupes si no le acabas de gustar a mi madre, al final te acabará cogiendo cariño. Ayúdame a meter esta caja en el coche, y arranquemos ya hacia una nueva vida juntos, durmiendo en la misma cama, comiendo en la misma mesa, soñando la misma vida.
¿Recuerdas aquel bar de la esquina? Sé que hace mucho que no lo hacemos, pero salgamos hoy a cenar. Esta noche tus ojos me recuerdan a aquellos del primer día, a los que les prometí la Luna sin saber que esta ya había bajado para mí. ¿Qué te parece si mientras traen el postre me arrodillo? Sí, el anillo es para ti, y te queda fantástico.
El blanco te sienta increíble. Vamos, dame ese beso para sellar el sobre que contiene nuestra próxima vida. Viajemos, bailemos, hagamos más locuras de las que ya nos caracterizan. Ahora empieza todo.
Claro que te quiero, pero comprende que tengo mucho trabajo, y nuestras discusiones me estaban desconcentrando; sólo es un moratón, no montes una escena por eso. Te lo compensaré esta noche.
A mí también me parece preciosa la hija de tu hermana, y no es tan mala esa idea, podríamos intentarlo; aún somos jóvenes; podremos con todo. Vaya, siento muchísimo lo de tu padre, pero tranquila, yo estoy aquí, no dejaré que te ocurra nada.
Deja de llorar, es una niña preciosa, con los ojos de su madre. Mira cómo se ríe, parece que tuviera mi sonrisa. No grites, o la despertarás. Me estás obligando a callarte, yo sólo quiero lo mejor para ti y para ella. Vamos, no pongas esa cara, tú misma te lo buscaste.
Mírala, ha dicho su primera palabra. Ya sabe ponerse en pie ella sola, ayúdala a caminar. ¿Qué son esos papeles, por qué no me lo habías consultado antes? No nos vamos a divorciar, estamos perfectamente, déjame besarte. No llores más y cierra la puerta, no quiero que la niña oiga lo que tú misma has provocado.
Ya he dejado a nuestra hija en el colegio. Mira lo que te he traído, es un collar. Sabía que te gustaría. Ahora ya puedes volver a pensarte lo de los papeles con tranquilidad, ¿verdad?
Deja de mirarte al espejo compadeciéndote de ti misma. Todos hemos recibido golpes merecidos en nuestra vida, no es culpa mía si tú te los mereces más que nadie. Vamos, no me hagas esto, me estás obligando otra vez.
Han llamado del instituto de nuevo. Mira cómo has criado a tu propia hija, cómo ha salido. Tendrás que ir a hablar con el director, yo estoy muy ocupado con el trabajo.
Hoy nuestra hija ha tenido su primer baile de fin de curso. Entrará en la universidad el año que viene. ¿Recuerdas el nuestro, cuando te pedí un baile, cuando salimos a cenar, cuando decidimos crear nuestra vida juntos? ¿Recuerdas cuando te prometí quererte siempre, estar por siempre juntos, que a nuestro lado las corcheas se sentirían separadas, los días solitarios? ¿Lo recuerdas? Vamos, contesta, sé que lo recuerdas, ¿verdad, cariño? ¿Dónde estás? ¿Qué haces ahí colgada? ¿Por qué has tirado la silla? Cariño, dime que estás bien.
Dímelo.
Sofía Santos
Galicia