domingo, 30 de agosto de 2015

"Muchos" siempre ha sido más que solo uno

Voy a decirte que ya estoy cansado. Cansado de tu tiranía, de tus alardes majestuosos, de que mires a todos por encima del hombro.
Te gritaré que nadie es mejor que nadie, y en ese grupo también estás tú, como humano; quizá no como persona. Porque aprendiste tu solo a alcanzar la meta, pero nadie ha podido enseñarte a ganar. Te sientes superior, más alto y mejor, haciendo sufrir a los demás, viéndolos fracasar.
Pero escucha, que no siempre se gana. Y el día que te caigas, no habrá nadie para levantarte. Nos verás a todos desde el suelo, manchado y polvoriento. Sentirás que te haces pequeño y diminuto, que nada de lo que has conseguido, ninguno de tus méritos, te hace compañía cuando las paredes empiezan a moverse y te arrinconan.
Desearas no haberlo hecho y te preguntaras ¿por qué a mi?, con expresión de víctima, al borde del llanto. Echarás de menos una mano amiga, un paraguas que tape la tormenta.
Y eso no será lo peor. A los que ahora esclavizas, avergüenzas y humillas, se alzaran contra ti. Porque "muchos" siempre ha sido y podido mas que solo uno. Y tal vez sea entonces cuando te des cuenta de tus errores. De que aunque no te equivocaras nunca...lo estabas haciendo todo mal.
Te pondrás de rodillas por una maquina del tiempo, volver atrás y rectificar. 
Esta bien, última oportunidad.
Tu maquina del tiempo es el hoy y el ahora. Pide perdón, y valora. Que el más pequeño puede hacer las cosas más grandes, que el más silencioso será un día el que más alto grite. No, no te digo que dejes de triunfar. Te digo que compartas tus éxitos y que hagas a los demás partícipes, no solo espectadores. Que no fardes de lo que consigues y aunque si lo disfrutes, no le restriegues ni te regodees. Cuando rompas un plato, no digas que fue el de al lado. Se consecuente, se decente y hazte cargo. Que aunque seas tu el que tenga que limpiarlo, serás tu el que en el futuro nos cuente como lo hizo.
Bueno, con este consejo me despido.
Aun puedes solucionarlo, pero cuando sea tarde... Tu maquina del tiempo habrá caducado.

Omar García

jueves, 27 de agosto de 2015

Cartas a la chica de lo ojos café.

Primera carta. Jueves, 27 de agosto del 2015. 


Hola, ¿me reconoces? Sueles sonreírme todos los días.

Llegas cada mañana con un enorme destello adornando tu cara, escrutando con tu mirada curiosa todo el local, analizando a todas las personas que merodeaban por ahí, fijándote incluso en el más mínimo detalle.

Te sientas en la misma mesa al lado de uno de los grandes ventanales que dan a la gran ciudad y pides una taza bien humeante de café y un donut. Y sacas tus auriculares y una pequeña libreta violeta que te dice "nunca pares de soñar" en la que escribes mientras picoteas el dulce.

No hay qué o quién que te desconcentre ni te saque del trance en el que te sumerges cuando te inundas de esas letras que hay en esos folios. A veces, dejas incluso que esas palabras se desborden de tus ojos, dejando un rastro de rímel. Entonces, me suelo fijar en tus mejillas - las cuales, por cierto, están adornadas por unas pecas y un ligero rubor precioso que te da un aire adorable - e interiormente me digo que son dos pequeños incendios a los que intentas apagar. Sinceramente, te veo muy fuerte en comparación a lo débil que pareces enfundada en esa bufanda de lana más grande que tú y desangrándote en tinta. 

Me resulta irónico, ¿a ti no? Que las letras quieran dejar salir a gritos esos ecos silenciosos que las voces no pueden pronunciar. Mientras pensaba en ello, tropecé y acabé tirándote encima el zumo que habían pedido las chicas de la mesa que está al lado de la que te sientas. Normal que salieras enfadadísima, yo también lo haría; de hecho, ahora estoy enfadado hasta conmigo mismo, por haber sido idiota.

¿Chica de ojos café, me perdonarás?

- Ed.


Ainhoa Navarro

domingo, 23 de agosto de 2015

Deseo

23 de agosto de 1698

Mucho he tenido que vivir en estas aguas hasta hoy haber podido escribiros esta carta. Ni siquiera sé con certeza si os llegará este mensaje. Ni si quiera sé si podré cumplir lo que me dispongo a prometeros a continuación.

Hace un ciclo y medio que fui apresado por un comodoro inglés del que aun desconozco hasta el nombre. Sin embargo conseguí escapar robando un barco atracado en la costa de La Española, antes de que pudieran ahorcarme. Ahora vago acompañado de la brújula que me regalásteis, con la esperanza de llegar a Europa y encontrar la isla en la que estás aguardando mi llegada. Sé que ya os lo prometí hace mucho, y que no pude presentarme aquella tarde. 
Sin embargo, esta vez sin fecha ni hora punta, pues no sé cuando ni por dónde apareceré, os pido que cada vez que paséis cerca de la costa miréis al horizonte esperando un bergantín en cuyo casco está grabado su nombre: "Deseo". 

Aún tengo que encontrar mi barco en algún puerto de las Américas y recuperarlo junto con toda la tripulación a la que pertenezco. Y aunque tal vez no os llegue esta carta, será mucho más fácil si pienso que en algún punto de estos siete mares os tengo esperando mi llegada.
Siento no haberme podido presentar aquel día.

Y sobre todo lo siento por vos, que jamás me habéis fallado.

Mucho he tenido que vivir en estas aguas hasta hoy haber podido escribiros esta carta. Ni siquiera sé con certeza si os llegará este mensaje. 
Llegaré como muy tarde dentro de diez ciclos por una de las costas oeste. Sé que no es mucho, pero yo también os estaré buscando. Si no he llegado para entonces... No me esperéis, pues estaré guiándos desde alguna estrella.
Esta noche brindaré por la amiga que nunca merecí tener.

Como siempre a vuestro servicio, milady:

Vuestro ladrón y caballero. (mas ladrón que caballero.)

José J. (Madrid)

sábado, 22 de agosto de 2015

Nominaciones "Historias Cursiva '15".

AINHOA: sarcástica, bullyneadora, rubia, forofa, acento raro, le mejor consejera, la más maja, la más retrasada, la más guapa, más mona.

AMANDA: la que tiene más nombres, la que más se preocupa por un cargador, la mejor compañera de habitación, la mejor petaarmarios, la más insegura, la más forofa, la más imaginativa, la que tiene el vecino más raro, la más cuidadosa en el metro, la más maja.

ANDREA: la más sarcástica, la más amagatos, la mayor fan de Hodgwarts, la más chillona, la más imaginativa, la más maja.

ANELL: la más desaparecida, la de la madre que hace más fotos en los peores momentos, la de la despedida adelantada más triste, la que tiene amigos más hostiles, la más maja, la mejor guía turística por la residencia.

BEÑAT: el más cansino, el más majo, el de la mayor sonrisa, el más tiracañas, el del peor acento,el que pone más apodos, el más alegre.

CARLOS: el más rubio, el más majo, el más bizco, el más bajo, el mejor cantante, el mejor compañero de habitación, el más forofo, el más **** amo y el más idiota.

GERARDO: el más bajo, el más majo, el mejor centauro, el más forofo, el **** amo, el más gracioso, el más simplón, el más hiperactivo, al que mejor le queda el sombrero de vaquero, el más paciente.

JOSÉ: el más sarcástico, el más gracioso, el más majo,el de los zapatos más raros, el que menos conoce Madrid, el mayor amante de la chistera, el mayor perdedor de objetos, el de la voz más grave.

MAIDER: la más maja, la mejor consejera amorosa, la más sarcástica, la mejor compañera de avión/bus, la mejor ingeniera, la mejor robacamas.

MARIO: el más majo, el mejor Spider-Man, el **** amo, más gracioso, el que mejor toca la batería, más tranquilo, más artístico, el más paciente.

MARÍA (ARAGÓN): más maja, más tímida, la de la mayor despedida, más linda, la mejor consejera, la mayor causante de abrazos, la mayor causante de confusiones con su nombre.

MARÍA (MALLORCA):  más maja, más adorable, más quesera, la que tiene más nombres, más risueña, más simpática, más cuqui, más sensible, más dormilona.

NATALIA: más tímida,  más maja, más ligona, más risueña, más simpática, más rompecorazones, menos habladora, mas amigable, mejor consejera, más misteriosa, más vengativa, menos sensible, más mona, más guapa.

OLIVER: más pesado, tocaorejas, amistoso, más feo, gordo, amable, indeciso, hacedor de tests, creativo y compañero de habitación.

OMAR: el más artístico, el mejor payaso y payaso triste, el mejor escritor, el de los mejores achuchones, el mejor poeta, el más experimentado, el mejor profesor de gallego, el mejor consejero sentimental, el que prepara las mejores orgías, el más querido, el más fácil de querer, el más comprensivo,el de las mejores metáforas, el mejor científico, el que tiene más tacto, el que mejor sube la moral, el mejor flequillo, el más bullyneador, el del pelo más suave, el de las mejores caricias, el mejor remador, el más bohemio,el mejor ingeniero, el más achuchable mientras duerme para Ger.

PABLO: más callado, más misterioso, más paciente, el que mejor soportó nuestras tonterías, el que seguramente pensó más veces que eramos muy gilipollas y no lo dijo por respeto.

SOFÍA: más callada, tímida, inocente, menos malpensada, divertida, simpática, buena persona, menos amante de los animales, dormilona, mejor compañera de habitación.

TERESA: la de más acosadores pesados, juerguista y fiestera, mejor duetista de reggeaton, mejor aprendiz de gallego, simpática, maja, agradable, menos neuronas, poco tonta, fácil de querer, mejor compañera de habitación.

viernes, 14 de agosto de 2015

sèver led odot àtsE (Está todo del revés)

Todo está boca abajo, hasta la cosa más pequeña se ha vuelto de lo más incomprensible. La iglesia, en la cual deberíamos tener fe y confiar; mata y discrimina en nombre de ese Dios del que tanto habla. Los políticos, que deberían practicar la isionomía, la democracia; roban y desahucian amoldando la ley a sus necesidades, tratando al pueblo como siervo en lugar de como amo. Los profesores, que deberían enseñar y cultivar la mente de los más jóvenes; humillan y sobrecargan a sus alumnos, haciéndoles creer que no sirven, que no valen. Y las personas, llenas de vasta ignorancia; atienden más a su "smartphone", a su teléfono inteligente que al mundo que les rodea. No se, para compensar tal vez.
A mi me gustaba cuando las cosas tenían sentido. Quizá lo tenían porque entonces yo era pequeño y no sabía nada, y por eso todo estaba bien. Que cómoda la venda de la ignorancia. Pero ahora que el mundo ha tropezado y quedado patas arriba, veo tantas cosas que solucionar, tantas cosas no están terminadas. Y cuando hecho la vista atrás, me doy cuenta de que esto lleva ya tiempo siendo así, y pienso.
"Quizá el mundo ya estaba podrido mucho antes de que todo empezara a oler mal"
Se que hay un antídoto, y también se que no está ni en mi smartphone, ni en mi profesor, ni en los políticos ni en la iglesia.
Está en cada uno de nosotros, en los "civiles inocentes", en la gente de a pie.
Y ya es hora de ponerlo en práctica

Omar García

martes, 11 de agosto de 2015

Música

(aunque le pongan otros nombres)
No seré cursi y diré que me enamore de ella a primera vista, porque eso sería mentir, y es algo que odio. Me costó verla, pero una vez descubierta, me fue imposible ignorarla. Tenía que estar con ella todo el tiempo, verla de lejos, de cerca, aprendérmela, escucharla y entenderla. 

La miré fijamente a sus ojos naranjas y me perdí en ella, en cada detalle, en cada movimiento. Era divertida, alocada y profunda. Me hacia ver las cosas de un modo distinto, de una forma brillante. Al mirar a través de ella, sin embargo, noté tristeza, dolor, acordes que nunca llegaban y codas interminables.
Estaba ensimismado, fascinado todavía con todos mis sentidos puestos en ella.
Espero así que entendáis, aquellos que me leéis, por que me enfade tanto cuando me la arrebataron, la hicieron desaparecer, esfumarse.
Y entonces silencio.

Aun podía oír su lejano rumor, y seguía igual de sorprendido. Me di cuenta entonces de que en realidad nunca la tuve, nunca estuvo realmente conmigo; que "verla", escucharla, o incluso (¿por qué no?) saborearla, era atrapar humo bajo el agua, cazar fuegos fatuos; cualquier analogía sirve. Lo odiaba. Tener que compartirla, escuchar a otros admitiendo que era tan única e increíble como yo pensaba que era. Pero tenía que aceptarlo. Finalmente se fue, y me sentí sordo, aislado, perdido.

Ahora escribo canciones tristes, aunque no suenen y les llamo poesía.
Omar García 

En las playas de Ohio (reivindicando)

Esta noche pido al viento,
que se lleve al tiempo.
Porque necesito regresar
a ese lugar,
que ya está cansado,
extenuado;
de que solo vaya entre recuerdos,
adonde ya solo hay muertos.
Fantasmas de escombro,
Pensamientos en un hatillo al hombro.
El olvido mancha e impregna.
Le pediría que reviviera
pero es como gasolina,
y si cae una cerilla,
si cae una cerilla…
...una cerilla cae en la acera, que macera, la quemadura acelera y todo arde…cobarde.
El truco está en volver a poner las piedras,
aunque se te cansen las piernas.
Sé que juntos podemos alzarnos
No podrán pararnos.
Solo tienen papeles,
¡perfecto!, se los cambio por claveles.
Porque, amigo, este es nuestro hogar.
No nos pueden echar.
Y es que de las cenizas se nace, y si no, se hace. Sé que no te complace pero no permitas que te mace.
Que nos llamen como quieran,
no les daremos ni la mitad de lo que quisieran.
Es nuestra tierra.
Y es decisión nuestra quererla o no tenerla.

Omar García


jueves, 6 de agosto de 2015

Bail(arte).

A mí, me gusta mucho bailar. O al menos, intentarlo. Y soltarme el pelo a la vez que me dejo ir por la música - y por la vida -.

Cuando te conocí, estabas muy serio a mi gusto.
Intenté arrimarte a mi mayor recurso, y te saqué a bailar.

Parecía que disfrutabas de la música; tarareabas e incluso cantabas alguna parte de nuestra canción. Y a mí, me animabas aún más a bailar, a bailarte; a conjugar todos esos verbos acabados en "-arte".

Conseguiste idiotizarme, conseguiste que me aprendiera todos y cada uno de esos versos - y besos - que salían de tus labios. Y tú, tú aprendiste a tocar esos acordes escondidos tras mis lunares, de memoria, creando una dulce partitura llena de silencios.

Pero a veces... A veces, ibas tan sumido en la melodía triste que resonaba de fondo que perdías el ritmo. En una de esas, acabamos tropezando. La vida - me - pisó mis dos pies izquierdos.
Y yo caí de bruces,
en el amor.

Cosas de la luna

 Miro al cielo cubierto por la bruma de la noche y como en un espejo me veo reflejado. Desde aquí puedo observar el universo y perderme en él, reflexionar. Estoy tumbado en la hierba, que pincelada con rocío me acaricia la piel al descubierto.
Un escalofrío. Se levanta algo de viento y se me alborota el cabello. Las nubes que cubren la luna desaparecen  dejando ver su penetrante brillo azulado residuo inevitable del brillo del sol. Un insecto se me posa en el brazo.
No quiero moverme. Me pica, otro escalofrío y se va. Al poco rato comienza a escocer. La luna sigue ahí, casi parece que mirándome. Que habrá notado en mi que no corre el manto de las nubes para evitarme?
Pienso en todo lo que habrá visto desde ahí, impotente y sin poder hacer nada, desposada por compromiso de conveniencia a la tierra.
Guerras,  amantes furtivos, robos, regalos, nacimientos, muertes, masacres y creaciones.
Me duermo por error, craso error. Esos minutos bastan para que la aparentemente estática luna desaparezca de mi campo de visión.
Me yergo, me rasco la reciente picadura y me provoco una pequeña herida.
-¿Luna? ¿Tan horrible fue mi descortesía al caer en el sueño que me has castigado con la negrura de tu ausencia?                          
Parece que va a llover. Me refugio en la espesura del bosque, siguiendo un sinuoso sendero, persiguiendo una luz en el cielo, esperando que sea la luna.
Poco a poco la vegetación es más y más frondosa. Si, va a llover. Tengo sed y la boca seca. Estoy cansado y tengo las piernas agarrotadas. Camino solo por un camino anónimo en el que a pesar de estar perdiéndome me siento cada vez más cerca de casa. Luna no aparece, a pesar de entrever su brillo ahora lechoso entre las altas copas de los árboles.
De pronto caigo.
Persigue al sol, que con toda la ventaja que le lleva, comienza a asomar por el horizonte.
Se supone que debería empezar a clarear, pero yo me sumo en una   oscuridad cada vez más espesa.  
Me siento a recuperar el aliento, que crea caracoles de humo blanco efímeros en la atmósfera. Incluso ellos me dejan.
Llevo toda la noche persiguiendo una quimera, un sueño infantil, algo inexistente y adictivo.
Ella no se aleja de mi, no se va enfadada como yo creía.
De nuevo el impertinente insecto, aprovechado de mi ensimismamiento se posa sobre mi brazo. Esta vez no me pica aun, si no que revolotea frente a mi cara, tratando de llamar mi atención.
Lo ignoro.
Me pica.
Estoy apesadumbrado. Como cargando un peso extra sobre mis hombros. Un peso que me aplasta hasta hacerme diminuto e invisible, intangible. Como la sombra del carbón más oscuro.        
Me rasco distraído la nueva picadura, abriendo un pequeño flujo de sangre.
El olor a sangre, el dolor, me recuerdan que sigo aquí. No puedo simplemente dejarme llevar.
Pero no hay fuegos fatuos, no hay sol ni luna, y los árboles se ciernen amenazadores sobre mí.          
-Luna, ¿Realmente prefieres a ese frio sol, antes que a este enamorado    humano? ¿tan poco significo para ti,    deliberado amante, que vas a dejarme morir en este bosque?
Nunca antes me había respondido, y esta vez no fue distinto. Pero el silencio fue aplastante. Tremenda y enormememente doloroso.
Omar García

miércoles, 5 de agosto de 2015

El cartero de la felicidad


Mi trabajo podía parecer simple, fácil, e incluso, para las personas más exigentes, estúpido. Pero era mi gran pasión. Era cartero. Repartía decenas, ¡¿ que digo decenas?!, centenares de cartas cada día, veía la reacción de las personas al recibir alguna de ellas y paseaba por lugares mágicos para llegar al encuentro del afortunado que recibiría su correspondencia. Amaba mi trabajo como nadie más lo hacía. Pero ser cartero no era siempre un camino de rosas (o al menos para mí). Había historias cuyos protagonistas no eran felices ni comían perdices...

Cada día, paraba en el Parque de los Suspiros a descansar un poco. Me encantaba mi trabajo, pero era muy cansado, y más para un viejecito como yo. Siempre me sentaba en el mismo banco, a la sombra del mismo árbol, a la misma hora y, desde allí, observaba a la gente pasar.

Una soleada mañana de mayo, mis ojos se fijaron en un rostro peculiar. Sus ojos apagados estaban concentrados en el suelo. Era una chica preciosa. Me recordaba a mi mujer, hacía ya unos cuanto años. Su larga melena rubia, le tapaba los pómulos, pero se veía perfectamente que había estado llorando. Un ramo de rosas rojas yacía, destrozado, en el suelo. No podía irme así, sin más, mientras aquella mujercita se quedaba allí sola. Así que, como buen cartero, hice lo que tenía que hacer. Saqué un papel y un bolígrafo de mi maleta y, en una cercana tienda de coleccionistas, compré un par de sellos (los más bonitos que encontré) y volví al banco. Entonces, empecé a escribir:


Querida y desconocida señorita,
Sonría, por favor. Un rostro como el suyo no se puede desperdiciar.


Puse la carta dentro de un sobre y pegué uno de los sellos. En aquel momento, me pareció la tontería más grande del mundo. “¿Adam, qué diablos estás haciendo?”, me pregunté a mi mismo. Pero ya había empezado con mi idea, y ahora no me iba a echar atrás.

La chica debía de estar muy concentrada mirando el suelo, puesto que ni me vio aproximarme ni vio como dejaba la carta a su lado. Entonces, volví a mi banco a observar su reacción. Pasaban los minutos y nada. Seguía sin reaccionar. Un golpe de viento fue mi salvación, ya que puso la carta sobre sus rodillas. Como es el destino, pensé. La muchacha se despertó y miró, sorprendida, la carta. La abrió lentamente, y una tímida sonrisa se apoderó de ella. Empezó a mirar a su alrededor, intentando averiguar quién era el responsable de toda esa historia.

Desde que ocurrió aquello no podía estarme quieto. Una felicidad extrema se apoderó de mi y empecé a escribir montones de cartas. En ellas, escribí algún mensaje similar al primero, algunos de mis mejores chistes e incluso me atreví a realizar un sencillo dibujo. Dejaba las cartas estratégicamente para que la chica no me descubriera, y cada vez, su sonrisa era mayor y mayor. Y la mía también.

En ese momento, cambio de papeles. La chica sacó una pequeña libreta rosa, arrancó una página y rebuscó dentro de su bolso, hasta encontrar lo que buscaba: un lápiz. Entonces, escribió algún mensaje, compró un sello en la misma tienda que yo, lo pegó en su carta y la dejó en el banco donde estaba sentada. Justo después, recogió sus cosas, y, con un rostro feliz, desapareció del parque.

Salí corriendo hasta el banco y leí la carta:
No sé quién eres, pero me has alegrado el día, la semana, el mes y el año :)   Nadie había hecho nunca algo parecido por mi.
Muchísimas gracias, simpático desconocido.

 
¡¡¡No podía salir de mi asombro!!! Ese fue el mejor día de mi vida como cartero, y  descubrí el verdadero significado de mi trabajo: hacer feliz a la gente.


                                                                                         Maria Victory Cirer